La cartografía del tio mierda.

Existen mapas que se dibujan con tinta ferrogálica. Otros, con sangre. Este se dibuja con decepciones. No todos los hombres son héroes. Algunos apenas llegan a accidente geográfico.

Al oeste encontramos el Cabo del Ego, donde el navegante cree que su deseo siempre es más importante que las consecuencias. Allí desembarcó convencido de que una noche justificaba cualquier naufragio ajeno.

Más al sur aparece la Bahía de las Excusas, un lugar fértil donde crecen frases como "no quería hacerte daño", "las cosas simplemente pasaron" o "no era el momento".

Curiosamente, ninguna sirve para reparar nada. Son plantas ornamentales. Muy bonitas y completamente inútiles.

Continuando la travesía llegamos al Estrecho de la Cobardía. Sus aguas son tranquilas porque allí nadie dice la verdad de frente. Es más cómodo dejar que otro deduzca que ya no importa.

En el centro del mapa está la Isla del Polvo Cutre. Es pequeña, anodina y sorprendentemente cara. Muchos llegan creyendo que encontrarán un continente y descubren que han vendido su dignidad por un islote sin agua dulce.

... y después aparece el Mar del Daño Colateral, lleno de restos de personas que confiaron donde no debían. Los responsables casi nunca se detienen a recoger los náufragos. Tienen demasiada prisa por llegar al siguiente puerto.

Y, por último, está el Faro de la Memoria. Desde allí se ve todo el recorrido.

No para vengarse.
No para regresar.

Solo para recordar que hubo un hombre que confundió el privilegio de ser querido con el derecho a actuar como un imbécil.

Y esa; queridos mios, es la peor pobreza de todas.

Porque hay hombres que pasan por la vida dejando mapas, y otros que apenas dejan una nota al pie que dice: "Aquí estuvo un gilipollas convencido de que una gratificación de unas horas valía más que la paz de otra persona."

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