lunes, 28 de abril de 2008

The Stolen Child

Where dips the rocky highland
Of Sleuth Wood in the lake,
There lies a leafy island
Where flapping herons wake
The drowsy water rats;
There we've hid our faery vats,
Full of berrys
And of reddest stolen cherries.
Come away, O human child!
To the waters and the wild
With a faery, hand in hand,
For the world's more full of weeping than you can understand.

Where the wave of moonlight glosses
The dim gray sands with light,
Far off by furthest Rosses
We foot it all the night,
Weaving olden dances
Mingling hands and mingling glances
Till the moon has taken flight;
To and fro we leap
And chase the frothy bubbles,
While the world is full of troubles
And anxious in its sleep.
Come away, O human child!
To the waters and the wild
With a faery, hand in hand,
For the world's more full of weeping than you can understand.

Where the wandering water gushes
From the hills above Glen-Car,
In pools among the rushes
That scare could bathe a star,
We seek for slumbering trout
And whispering in their ears
Give them unquiet dreams;
Leaning softly out
From ferns that drop their tears
Over the young streams.
Come away, O human child!
To the waters and the wild
With a faery, hand in hand,
For the world's more full of weeping than you can understand.

Away with us he's going,
The solemn-eyed:
He'll hear no more the lowing
Of the calves on the warm hillside
Or the kettle on the hob
Sing peace into his breast,
Or see the brown mice bob
Round and round the oatmeal chest.
For he comes, the human child,
To the waters and the wild
With a faery, hand in hand,
For the world's more full of weeping than he can understand.

William B. Yeats 1886




Traducción:

El niño robado

Donde se zambullen las montañas rocosas del bosque de Sleuth en el lago,
Hay una boscosa isla donde las garzas al aletear despiertan a las soñolientas ratas de agua:
Allí hemos ocultado nuestras tinajas encantadas, llenas de bayas y de las cerezas robadas más rojas.
¡Márchate, oh niño humano!
a las aguas y lo silvestre
con un hada de la mano,
pues hay en el mundo más llanto del que puedes entender.

Donde las olas del claro de luna alumbran las oscuras arenas grises con su brillo,
lejos, en el lejano Rosses nosotros caminamos por ellas toda la noche, tejiendo viejas danzas,
juntando las manos y juntando las miradas hasta que la luna emprende el vuelo;
Saltamos de un lado a otro y cazamos las burbujas de la espuma,
mientras el mundo está lleno de problemas y duerme con ansiedad.
¡Márchate, oh niño humano!
A las aguas y lo silvestre
con un hada de la mano,
pues hay en el mundo más llanto del que puedes entender.

Donde el agua errante cae desde los cerros a Glen-Car, en lagunas entre los rápidos
que casi podrían bañar una estrella, buscamos las truchas que dormitan y susurrando en sus oídos les damos sueños inquietos;
Inclinándonos con suavidad desde Los helechos que lloran sobre los jóvenes arroyos.
¡Márchate, oh niño humano!
A las aguas y lo silvestre
con un hada de la mano,
pues hay en el mundo más llanto del que puedes entender.

Con nosotros se marcha el de mirada solemne:
Ya no oirá el mugido de los terneros en la cálida colina o de la tetera en la cocina
cantar paz para su pecho, ni verá el cuello pardo de los ratones alrededor del cajón de la harina de avena.
Pues se viene, el niño humano,
A las aguas y lo silvestre
Con un hada de la mano,
Desde un mundo con más llanto del que puede entender.

lunes, 14 de abril de 2008

La Rana

La luz de la luna se reflejaba en la charca, ténue y sinuosa bailaba con la bruma, formaba imposibles formas que no paraban de moverse, al fondo la negra silueta de un abanto sobre las cúpulas del monasterio brillantes de plata y grana.

Cierta noche clara en que la bruma del agua formaba reflejos de luz en el agua, un pequeño renacuajo jugaba a ser rana, verde brillante, verde esmeralda quería competir con el resplandor del mausoleo plata y grana.

La pequeña aprendiz de rana quería ser hermosa entre las suyas, la mas bella entre las bellas y noche tras noche se miraba en el agua clara de la charca retocando el brillo húmedo de su lomo

- Batracio presumido, que haces tan acicalado?

sobresaltada brincó sobre su hoja cayendo al agua;

- quién ha hablado, quien osa importunarme?

De pronto el resplandor de la luna dibujo una figura en el aire, ténue y fugaz el dibujo era el de una Blanca Dama de cabellos negros y ojos glaucos. El miedo paralizó a la rana, nunca nadie le habló así, pero era tan bella la dama¡ su figura, sus ojos y ese movimento ondulante¡

Una nube tapó la luna y la Blanca desapareció...

Noche tras noche el pequeño renacuajo fué creciendo, tornándose verde brillante y noche tras noche buscaba a su amada entre las brumas del bosque mirando desde su hoja en la charca.

Nuestra rana dormía de día y velaba en la noche, soñando én la vuelta de su amada Blanca.

- Ella es una princesa, la bella hija del rey del monasterio, que busca a su principe encantado, y yo soy él, un antiguo sortilegio de viejos druidas me convirtió en lo que hoy soy. - se engañaba el sapo.

Noche tras noche alimentaba su sueño con nuevas fantasias.

- Ella vendrá y me besará y me rescatará de la charca llevándome con ella al castillo encantado que domina el abanto.

Tanto deseó el batracio, tanto lloró y tan amargamente imploró que algún viejo mago se apiadó de él, no se sabe si fué obra divina o el mismo demonió tomó parte en la conjura pero el animal quedó convertido en hombre.... primero sorprendido, luego exultante comenzó a saltar de hoja en hoja hundiendo todas las ramas de la charca, loco de alegría se sentó al borde de un estanque cercano esperando la llegada de su amada.

La luna aparecío entre las nubes y la bruma del rio levanto, una ténue luz se cruzo entre las hojas formado una figura blanca que bailaba y sonreia al joven aprendiz de hombre. Hipnotizado y boquiabierto intentó coger su cintura para besar los labios granas que él creia ver.

Allí mismo cayó, al pequeño estanque, tan pequeño y tan profundo que la rana/hombre se ahogó...

Aun se ve en las noches de luna llena a una sombra desnuda corriendo en el bosque de la Herrería, persiguiendo rayos de luna entre las hojas de los robles a la sombra del abantos que se cierne sobre el monasterio de plata y grana.