domingo, 10 de diciembre de 2006

Las Filosofias Terapéuticas de la Felicidad (Segunda Parte)



La religión ofrece un camino hacía la ataraxia y, a veces, hacía algo más extático... las antiguas religiones paganas permanecieron vivas durante siglos, conviviendo con el cristianismo, aunque en los periodos Helenístico y Romano mucha gente se convirtió a las llamadas "religiones mistéricas" que llegaron al mundo griego y romano procedentes de Oriente Próximo. Se las denominó así a partir de la palabra "myster", que se refiere a un rito especial que se mantiene en secreto y que no se puede revelar a los que no pertenecen a esa religión. Para convertirse en un miembro de pleno derecho del culto mistérico el iniciado debía cumplir este rito.
Los tres cultos más populares fueron los de la Magna Mater, el de Isis y el de Mithra...
El culto hacia la Magna Mater (nuestra Cybeles madrileña) llegó a occidente en torno al siglo VI aC . la Magna Mater, la fuente de vida, se enfureció contra su amante Attis (el dios de la vegetación), porque le había sido infiel. Presa de un ataque de celos, Cybeles mató y castró a su amante, enterrándole a continuación bajo un pino. Tras llorar su muerte le devolvió la vida. Las estaciones reproducen esta historia: la vegetación se marchita en otoño, muere en invierno y revive en primavera, momento en el que tienen lugar las grandes ceremonias en honor de la diosa, durante estas celebraciones se baila, se canta y se interpreta música. Los aspirantes al clero se castraban a sí mismos utilizando piedras, reproduciendo así el destino de Attis y ofreciendo su fertilidad a la Gran Madre. A continuación se excavaba un foso al que descendían los iniciados vestidos con togas blancas. Se colgaba sobre ellos un toro vivo y se procedía a su sacrificio. Los iniciados, cubiertos con la sangre del toro, se arrastraban fuera del foso habiendo ya "renacido" en el culto de la Magna Mater.
La gran madre ofrecía una explicación al misterio del ciclo de la vida y daba a los iniciados la posibilidad de integrarse en el gran círculo natural, este tipo de prácticas fueron muy comunes entre los centuriones romanos en el siglo II, que hartos de soportar el tedioso culto imperial, y desvinculados de sus lares familiares, veian en este tipo de rituales una forma de autoayuda a su superstición. El culto a Cybeles se fué diluyendo con la llegada y triunfo del cristianismo y finalmente restituido con la entronización de María como madre del hijo de Dios.
La evolución y el crecimiento y sobre todo la comprensión del misterio de la vida, ha sido desde tiempos remotos uno de los hilos que han movido la filosofía y la religión y estos cultos ancestrales unidos al periodo de inciación, eran una alternativa muy atractiva al desmoronamiento espiritual que asoló occidente, además de un caldo de cultivo bastante sustancioso para el asentamiento del monoteismo.
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