miércoles, 6 de septiembre de 2006

Otro tipo de belleza

Siempre me ha fascinado el tema de la belleza en todas las culturas. Bebemos del canon de belleza clásico heredado del mundo helenístico pero, sin embargo, existe otro tipo de “bellezas” que desde siempre ha llamado la atención y no solo por que algunas tienen 20.000 años de antigüedad, sino por el halo de misterio que desprenden estas esculturas ancestrales; me refiero las Venus prehistóricas o estatopígias.
Las obras de arte más antiguas que han sobrevivido proceden del estrato arqueológico del Paleolítico Superior en Europa, poco tiempo después de que el Homo sapiens sapiens iniciase la etapa final de la evolución cultural.
Aunque la producción gráfica está dedicada mayoritariamente a la representación de motivos geométricos y a la iconografía zoomorfa, han aparecido algunas figuraciones humanas.Gran parte de éstas son representaciones de formas femeninas diseñadas en un soporte portátil como piedra, barro, marfil... se trata de estatuillas de entre 5 y 25 centímetros de altura. La aparición de “venus” tiene una dispersión restringida cronológicamente entre el 30.000 y el 15.000 aC. La difusión de las mismas se extiende desde el sur de Francia hasta Siberia y desde el sur de Italia hasta el medio Rhin, sin traspasar los Pirineos.
Los antropólogos no dudan que el espíritu artístico apareció después de que el hombre adquiriera el pensamiento simbólico, pero cuándo y cómo sucedió son cuestiones que pueden hallar respuesta en el estudio de estas primeras representaciones humanas.

Desde el principio se pensó que estas figuras representaban algún tipo de culto a la fertilidad, la exageración en la representación de los órganos sexuales da una pista de ello, pero hay diversas versiones desde a las puramente simbólicas a las que las colocan en planos más espirituales y ven a estos objetos como utensilios de algún tipo de culto a la fertilidad. Hay quien dice que se llegaron a utilizar introduciendolas por la vagina a modo de rito debido a que la mayoría de ellas, al ser de forma ovoide, tienen las extremidades pequeñas en comparación con el resto del cuerpo y no sirven para sujetarse por sí mismas, por lo que se cree que debieron de utilizarse sujetas a otro objeto.

Lo más curioso de estas figuras, es que en ellas no se representan los rasgos faciales, y ahí es donde está el halo de misterio, como si las personas que las fabricaban no dieran importancia al rostro o al alma de la mujer.

Inserto algunos ejemplos:

Venus de Willendorf (c. 25000-20000 a.C.). Esta figura en piedra caliza de la Diosa Grávida prehistórica, con los atributos femeninos relacionados con la generación muy resaltados, es la más popular de cuantas se conocen. Mide 11 cm. y fue hallada en Willendorf en 1908. Se conserva en el Museo de Historia Natural de Viena, Austria.

Venus de Dolni Vestonice (c. 24000 a.C.). Diosa moldeada en una mezcla de arcilla y hueso pulverizado. Destaca como simbolismo el que de sus lacrimales partan sendas «corrientes de agua» hacia los senos «nutricios». Mide 11 cm. y fue hallada en 1925 en Dolni Vestonice (Mikulov, Moravia, Checoslovaquia). Se conserva en el Museo Moravo de Brno.

Venus de Grimaldi o La Polichinela (c. 20000 a.C.). Figura de la Diosa Grávida tallada en esteatita. Mide 8,1 cm. y fue hallada, entre 1883-1895, en la cueva del Príncipe (Grimaldi, Liguria, Italia). Se conserva en el Museo des Antiquités de la Nation de Saint-Germain-en-Laye, Francia.
Diosa sedente (c. VI milenio a.C.). Figura de Diosa moldeada en arcilla localizada en Munhata (Valle del Jordán). Se conserva en el Museo de Israel en Jerusalén (Israel).



Verdaderas preciosidades que nos hablan del misterio de la fecundidad y del culto a la madre.
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