martes, 2 de abril de 2013

Perdí mi corazón

... quedó olvidado en aquella sala de hospital una gélida mañana de Febrero y se lo llevaron al tanatorio. Mi pequeño corazón herido, curtido en tantas batallas quedó escondido en el cajón de una mesita y cuando acabó la visita no me acordé de guardarlo en el bolso, junto a las llaves del coche, la barra de labios y el pequeño espejo de plata que atesoro dentro de un neceser de lunares rosa.

... y cuando recordé que ya no lo tenía era tarde, era tan tarde que lo habían enterrado junto a los restos de mi padre, en un pequeño cementerio de pueblo, en lo alto de una colina y con unas hermosas vistas, como son todos los cementerios de pueblo.

Entonces dejé de estar triste porque supe, entonces, que ya no estaría solo, que siempre estaría con él y le acompañaría por siempre, mi diminuto corazón dejó entonces de sufrir porque estaba con quien había sido su motor, su guía y su vigilia.

... y desde aquella fría mañana de Febrero ando sin corazón... para que lo necesito ya?


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