martes, 13 de agosto de 2013

Ulisses regresó a Itaca,

por el camino más largo y tortuoso, viaje iniciatico emprendido tras vencer en Troya, y suyo hubiese sido el premio de llegar antes si los Dioses no lo hubiesen querido, pero los griegos creían que el destino se teje con hilos misteriosos incapaces de controlar por la mente del hombre y los Dioses quisieron ponerle a prueba.

Nuestra base judeo-cristiana bebe del clasicismo griego y poco ha evolucionado nuestro pensamiento desde entonces, ya no creemos que las Moiras tejan nuestro destino, pero sí en que "algo" o "alguien" superior a nosotros va marcando nuestra vida y nos deja sin libre albedrío ante los avatares de la vida, "Sí Dios quiere", "Gracias a Dios" , son frases hechas que demuestran nuestra falta de libertad a la hora de decidir qué hacer con nuestra vida.

Porque un viaje sin capitán que guíe el barco es difícil y somos demasiado cobardes como para afrontar nuestras equivocaciones y debilidades.

Ulises escogió el camino más largo, el más peligroso, se enfrentó a las Sirenas, a los Cíclopes de un solo ojo y al olvido de si mismo con Circe. Pero fue capaz de regresar y allí le estaba esperando su premio, Penélope, tejedora y des-tejedora como las Moiras a las que también se enfrentó.
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