jueves, 15 de agosto de 2013

Marisoplillas

Marisoplilla blanca del Abantos
Hay un millón de mariposas blancas revoloteando en mi estómago, no me dejan dormir y apenas puedo respirar... cómo han entrado ahí? en que momento abrí la boca y entró la crisálida de esta desazón? en que momento decidí dejarlas hueco para que aleteara dentro de mí?  Ni sé, ni quiero saber, qué está pasando en este estómago pesado y qué tanto me duele. Quiero vomitarlas, qué vuelva la calma a este interior inquieto y lleno de polvo de mariposa estresada.

Me duele sentir, me duele el pasado, lo que fue y lo que seguramente no será y sobre todo me duele el estómago, porque, como una agonía heredada, me cuesta admitir las pérdidas y no consigo desprenderme de los afectos. Como las mariposas quisiera volar, vuelo efímero y bello y vivir eternamente en una crisálida de seda que una vez al año despierta y llena de exultante belleza sale a divertirse un rato.

Quisiera que esta vida efímera no quedara en el olvido y cómo Cesar vivir eternamente en los libros de historia, perdurar por los siglos y que me recuerdo sea la musa de futuras mariposas. 


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