miércoles, 21 de mayo de 2008

Las puertas del infierno

Cuenta la leyenda que el Lucifer habitó una cueva situada a los pies del Abantos, justo los días entre la expulsión de las cohorte celestiales y su destierro al infierno. En esos días inciertos, el más bello de los ángeles rebeldes comenzó una andadura por toda la tierra y así crearse una serie de puertas para acceso a las tinieblas.


Ergido y firme subió a la cumbre y desde ahí la vista era hermosa, la gran meseta plana e inmesa, el cielo azul y se entristeció ante su gran pérdida, arrepentido y lleno de ira levanto su mano y arrojó una gran bola de fuego contra la tierra que abrió un agujero en el bosque de la herrería al pie de las dos machotas de Zarzalejo.


Allí quedaron abiertas una de las siete entradas al infierno y durante años la zona quedó maldita.


Hasta que un buen día un rey prudente pasó por allí... había pasado toda su vida leyendo y rezando, la mística se había apoderado de su alma y decidió que debía hacer el bien a la humanidad, a saber cerrar la puerta al infierno.


Llamó a los más ilustres arquitectos, a alquimistas y magos y comenzó su gran obra, la construcción de un enorme monasterio, una gran reja de granito que impidiera para siempre que el maldito demonio paseara de vez en cuando por la tierra.


Los verdaderos motivos quedaron ocultos y se dijo que el gran edificio tiene forma de parrilla para honrar a San Lorenzo, cristiano asado por los romanos en una parrilla y que, se cuenta dijo: "Dadme la vuelta que aun no estoy bien hecho".


La verdad es que años más tarde a su construcción, el rayo de una terrible tormenta incendió parte de las dependencias del monasterio, hay quien vió la figura del diablo lanzando truenos contra las firmes paredes de la iglesia y que aun se oyen los ladridos del cancerbero infernal en los sótanos, es más, algunos incluso han visto al terrible perro negro de tres cabezas paseando por el laberinto de pasillos y dependencias.

Estatua de Satán en el Parque del Retiro de Madrid

Las noches de tormenta en El Escorial son terriblemente bellas y efectivamente
pareciera que la misma mano de Luzbel lanzara fuego contra el monasterio.

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