domingo, 25 de marzo de 2007

Estos somos mi hermano y yo cuando teníamos 2 y 3 años y medio respectivamente.
El primer día de mi vida social cuando una vecina me escogió para que le llevara las arras de novia en la Iglesia de un minúsculo pueblo de Málaga, Pizarra.
Notad la cara de susto que tenía ante la oscuridad de la Iglesia y las ganas de mi hermano de salir corriendo para curiosear todo el recinto, este es uno de los recuerdos más antiguos que tengo, ni siquiera la cara de la novia se ha quedado en mi mente, tan solo el miedo a la oscuridad y que se me cayeran las monedas al suelo cuando el cura me las pidiera.
Los recuerdos infantiles se nos quedan grabados en el inscosciente y nos acompañan hasta la muerte y curiosamente a medida que envejecemos se hacen más fuertes, recordamos mejor lo que hicimos hace 40 años que lo que estamos haciendo en el momento.
A veces los miedos más frios y oscuros del pasado quedan sellados en forma de pesadilla en las noches febriles, y hasta que no desenmascare que es lo que me está roiendo por dentro no podré dormir tranquila, ya falta poco, las pruebas médicas, un escaner y una biopsia me tienen alejada de casi todo, pero estoy bien, de momento sigo aquí, vaga y perezosa, pero aquí.
¡Gracias a todos los que estais aquí con migo¡
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