lunes, 16 de octubre de 2006

Octubre ... cuando el verde se transforma en ocre.

Arroyo entre Hayas - San Millan de la Cogolla - Logroño (Oct. 04)

Hacía mitad del otoño, surge un espectáculo hermoso ... el cambio de color en la hoja del Haya (fagus sylvatica) el nombre deriva del latín Fagus o del griego Phegos, que quiere decir "comestible", refiriéndose al fruto que se conoce en catalán como faja, en castellano como hayuco, hagüey (Rioja) o faveta (Aragón), en el País Vasco se conoce como pago-ezkurr (bellota de haya) o bagailla, en Cataluña se le llama faig, fai o hay (Vall d'Aran - en aranés), en castellano hablamos del haya, faya (Asturias), fago (Huesca), bacua (Navarra) y paga, pago o payo en el País Vasco, en francés lo encontramos como Hêtre y en inglés como beech o European beech.

El Garanchal - Riomolín - Cangas del Narcea - Asturias (Oct 03)

Quien ha tenido la experiencia de perderse en un bosque de hayas en pleno otoño, sabe lo que es creer en duendes, hadas y elfos, y en la península tenemos alguno de estos lugares mágicos donde el otoño consigue dulcificar la dureza del cambio de estación.

Octubre en un bosque de hayas es encontrarse con la transformación en estado puro, la humedad del suelo unida a lo frondoso de estos bosques hace que apenas entre la luz, tamizándose entre el ocre de la hoja muerta y el verde de la que aun pervive.

Pero, quizas, el momento más mágico de un hayedo sea después de la lluvia, cuando los primeros halos de luz hacen brillar las hojas húmedas, mil colores, olores y sensaciones inundan el bosque, esos instantes de color deben ser los que hacen que veamos sombras donde se refleja la luz formando criaturas que solo existen en nuestra mente y las que han dado pié a leyendas de mouras, duendes y seres fantasmales.

Las hadas no existen nada más que en el interior de los sueños, en las profundidades del húmedo hayedo otoñal y en la melancolía de seres con vidas tristes y vacias que buscan en estas criaturas un consuelo a su soledad.

Octubre es el mes más bello del año porque en él limpiamos nuestro corazón de la carga del caluroso verano, porque es la puerta del nuevo año. El calendario cristiano hace comenzar el año el 1 de Enero, pero fué un asunto de estrategia para una lejana batalla de romanos, el año realmente comienza en octubre, con la muerte de la naturaleza, cuando el campo duerme durante 3 meses y la simiente está enterrada en la tierra. Los celtas sabían bien de ello y comenzaban a contar el 1 de noviembre, Samain mágico, noche de difuntos.



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